Guía para controlar el apetito que genera el estrés

Seguro que has escuchado alguna vez: “Con los nervios me da por comer” (¡ay no!) o “a mí se me hace un nudo en el estómago y no me entra nada”. ¿Sabes por qué ocurre esto?

Pues bien, porque, aunque una de las respuestas más comunes ante el estrés sea la compulsa alimentaria, no todas las situaciones de nervios generan las mismas sensaciones.

En los momentos de estrés puntual lo habitual es no tener apetito. Esto se debe a que nuestro cuerpo está más preocupado en hacer frente a esta situación y superarla que en comer. La necesidad fisiológica de alimentarse pasa a un plano secundario y, durante el tiempo que dura la situación estresante, la sensación de apetito y las ganas de comer desaparecen.

En cambio, si el estrés es prolongado sucede lo contrario. El cuerpo intenta contrarrestar el estrés liberando una hormona denominada cortisol que desafortunadamente incrementa el deseo por comer. Para controlarlo te traigo unos consejos:

 

Pásate a las infusiones

Reduce los excitantes como el café o el té que lo único que hacen es agravar el problema y generar más ansiedad. En cambio, tomar infusiones sin cafeína o teína (como por ejemplo el rooibos) te ayudarán a relajarte, ya que esta planta es rica en magnesio, un mineral esencial para el sistema nervioso que contribuye a la relajación muscular. El rooibos, al no contener ningún tipo de estimulante, se puede tomar de forma habitual durante el día (en África consumen de 5-6 tazas al día, ¡imagínate!). Te recomiendo que lo tomes antes de ir a dormir y así conseguirás un sueño tranquilo y reparador.

 

Sírvete en el plato

¡Nada de ir picando un poco de aquí y un poco de allá! Tienes que tomar consciencia de lo que comes, así que coge un plato y sírvete aquello que vas a comer. Parece una tontería, pero no lo es. Si verdaderamente visualizáramos todo lo que podemos llegar a comer cuando perdemos el control nos sorprendería e incluso nos horrorizaríamos de la cantidad de calorías vacías que ingerimos.

Así que, en los momentos de debilidad, coge una pieza de fruta, lávala, córtala en trocitos y póntela en el plato: verás cómo cambia la cosa.

Fuera tentaciones

Tener la nevera y la despensa repleta de alimentos poco saludables (galletas, snacks, chocolate, golosinas…) no ayuda nada. El primer paso para evitarlo es hacer una lista de la compra que incluya tentempiés sanos: piezas de fruta, hortalizas, yogures o quesos destinados, frutos secos o tortitas de arroz integral son buenas opciones.

El segundo es ir a la compra sin hambre, con la lista que has hecho previamente en casa y evitar los “alimentos consuelo”, aquellos que inhiben el estrés de forma momentánea y que solo nos aportan cantidades desorbitadas azúcar y grasa. Pero si las tentaciones son más fuertes que tú y tienes que convivir con estos alimentos, mi consejo es que les pongas un post-it o una marca para recordarte que no son beneficiosos para tu salud y que reflexiones antes de ingerirlos. ¡Verás como ya no los comes tan compulsivamente!

 

Planifica tus comidas

Dejar lo que vas a comer en manos de la improvisación no es una buena idea. Tener una buena planificación evitará el descontrol en tu alimentación. Un menú semanal que incluya alimentos de temporada y potencie el consumo de legumbres, cereales integrales y pescado hará que sea más fácil tener controlado lo que debes comer.

No olvides que es importantísimo no saltarse ninguna de las comidas principales (desayuno, comida y cena) y tomar los tentempiés ligeros y saludables que has añadido a tu lista de la compra para “entre horas” (a media mañana y a media tarde). Comer con frecuencia y pequeñas cantidades ayuda a controlar el apetito y evita desencadenar la ansiedad por la comida.

 

Slow food

Comer no es solo cumplir con la necesidad de alimentarse. Comer debe ser un momento de disfrute, una pausa entre las obligaciones, un punto de receso y encuentro con uno mismo. Esto se conoce como “slow food”. ¿Cómo conseguirlo? Comiendo despacio, masticando lentamente y saboreando los alimentos.

Comer sin prisas alejadados de las distracciones (televisión, ordenador, tablet y, por supuesto, móvil) es fundamental para seguir una alimentación equilibrada y ser conscientes de lo que estamos ingiriendo. Además, estudios recientes afirman que no basta solo con pensar en lo que comemos, sino que también hay que mirar lo que comemos.

Comer de forma consciente mejora el mecanismo de la saciedad, es decir, cuando comemos lentos, tranquilos y relajados comemos menos ya que logramos tener una mayor sensación de saciedad.

 

Recuerda que si consigues controlar tu apetito y gestionar tu ansiedad no necesitarás comer para sentirte mejor. Haz que la comida forme parte de tu vida, pero no permitas que la comida sea tu vida.

Laura Rojas

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