Cómo gestionar tu estrés para mejorar

Hoy en día vivimos, a menudo, con el piloto automático continuamente encendido, lo que hace que no nos paremos a observar lo que pasa a nuestro alrededor ni lo que sucede en nuestro interior. Lo queremos todo de forma inmediata, a golpe de clic. Y eso es imposible.

Si a esa inmediatez sumamos las exigencias del día a día, las preocupaciones, la competencia social que se respira en el ambiente, la falta de tiempo, el querer llegar a todo, conciliar el trabajo con la familia, etc… llega un momento en el que empiezan a producirse una serie de desajustes internos. Estos desajustes, que afectan cada día a más personas, pueden ir desde la ansiedad, el nerviosismo y la irritabilidad, pasando por el estrés, la tristeza y los desajustes en el sueño y la alimentación, y en muchos casos pueden desembocar incluso en una depresión.

La sociedad no parece tener intención de bajar el ritmo, por lo que la única solución a la que vamos a poder recurrir está en nosotros mismos, en nuestros propios recursos para autogestionarnos y canalizar todo aquello a lo que estamos expuestos. Estamos rodeados de circunstancias externas que no podemos cambiar (ni tan siquiera pretender cambiar), pero sí que podemos modificar nuestra manera de afrontar esas circunstancias, sí que podemos adaptar nuestra actitud al medio.

Estrés negativo y estrés positivo

Hoy en día, la gestión del estrés es un punto clave si queremos tener una calidad de vida óptima, disfrutar de una buena salud mental y emocional, y gozar de nuestro día a día. Es algo que está estrechamente relacionado con la gestión de tus propias emociones, de tu tiempo y de la forma en la que afrontas las diversas situaciones que se dan en tu día a día.

Debemos destacar que el término “estrés” actualmente se percibe únicamente como algo especialmente negativo que entorpece nuestro bienestar. Sin embargo, debes saber que el estrés tiene una parte positiva en la que apenas nunca pensamos. El estrés se manifiesta en nosotros para alertarnos de que debemos adaptarnos rápidamente a algo que está sucediendo y que a menudo supone una amenaza para nosotros. Por lo tanto, el estrés es lo que hace que estemos alerta, despiertos, motivados en momentos puntuales y que no nos acomodemos.

Así pues, si el estrés se presenta en esos momentos puntuales es positivo y necesario porque hace que evitemos peligros y que seamos reactivos. El problema viene cuando tenemos el mecanismo del estrés permanentemente activado (a causa de los miedos, del sinfín de tareas a realizar, de las preocupaciones por los hijos, de la inestabilidad laboral, de la incertidumbre…) El hecho de no “apagar” nunca ese estrés es lo que lo convierte en negativo y tóxico. Por eso es importante que entiendas bien esta diferencia ya que es clave para que puedas autogestionarte y no llevar así el estrés más lejos de lo necesario.

 

Evita el estrés negativo

Cuando el estrés negativo está sostenido en el tiempo es cuando empieza a manifestarse con malestares y dolencias físicas. Sin embargo, podemos introducir en nuestro día a día algunas acciones para hacer que el impacto del estrés en nosotros sea menor y nos permita tener un mayor bienestar y mejorar en los diferentes ámbitos de nuestra vida. Este tipo de acciones deben realizarse de una forma constante, con confianza y con una actitud positiva.

  1. Es importante que antes de nada te preguntes acerca de cuál crees que es el motivo o motivos que están provocando en ti ese estrés.
  2. Marca cuáles son tus prioridades y analiza si estás actuando de acuerdo a ellas o si, por el contrario, estás perdiendo el foco sobre lo que para ti es realmente importante en pro de otras cosas que en realidad no son tan determinantes en tu vida.
  3. Haz de la alimentación una gran aliada. Evita los alimentos “amigos” del estrés tales como el café, el azúcar, los refrescos, el chocolate y los refinados. Y aumenta la ingesta de alimentos ricos en potasio o magnesio. En definitiva, apuesta por una dieta rica en frutas, verduras y cereales.
  4. Practica ejercicios de respiración a diario. Es a través de la respiración que obtenemos suficiente oxígeno para que cada una de nuestras células desempeñen su trabajo mejorando el funcionamiento de nuestros órganos y de nuestros diferentes sistemas. Cuando respiramos de forma adecuada tenemos mayor resistencia a las enfermedades, contamos con más energía y gozamos de buena salud.
  5. Di no al sedentarismo y mantente activo. Puedes hacerlo mediante la práctica de algún deporte o simplemente saliendo a pasear cada día un rato. El mantenernos activos aumenta nuestras endorfinas, cosa que nos permite canalizar mucho mejor las tensiones.
  6. Respeta tus horas de sueño y de descanso. Dormir y descansar es fundamentales si queremos vivir nuestro día a día con un estado de ánimo positivo, tener energía física y mental, y afrontar mejor las situaciones de tensión y estrés.

Recuerda que invertir en tu salud mental, física y emocional es la mejor inversión que puedes hacer. Saber gestionar tu estrés y adquirir consciencia de cómo te sientes en cada momento te ayudará a mejorar no solo la relación contigo mismo, sino también la relación con todo tu entorno y en tus niveles de energía y productividad.

Laura Miranda

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