Tabaco y alcohol: enemigos íntimos de la piel

Cuando nacemos nuestra piel es una suerte de camiseta en blanco cuya principal función es actuar como una “funda” y protegernos. Sin embargo, no se trata de un simple elemento que nos mantiene aislados del exterior sino que es un órgano vivo que interactúa y se ve afectado por lo que ocurre en el medio: con lo bueno, y también con lo malo.

Lo que ocurra en esta camiseta en blanco va a depender de varios factores. Sobre algunos de ellos no tenemos capacidad de maniobra. Por ejemplo, la calidad del tejido: que la tela sea más fina, más gruesa, de algodón, de polyester… Podríamos decir que esto “viene de fábrica”. Del mismo modo, la piel está condicionada por la genética de cada individuo. Podemos recibir en herencia una piel al estilo del mejor filtro de Snapchat, pero también una piel atópica, con mayor tendencia a las arrugas, a las estrías, etc. Y sobre esto, por suerte o por desgracia, no tenemos capacidad de acción.

Otro de los factores puede ser la etapa de la vida en la que nos encontremos: las alteraciones hormonales en el embarazo o la menopausia van a afectar inevitablemente a la piel.

Sé que esto va a doler pero hay que decirlo en voz alta: nos guste o no, este tipo de factores genéticos y hormonales nos los tenemos que comer con patatas.

Factores externos que afectan a tu piel

Sin embargo, hay factores externos que también pueden afectar a nuestra camiseta en blanco. Uno de ellos, por ejemplo, es la exposición solar. ¿Habéis visto cómo cambia el color de una camiseta si la dejamos al sol durante varios días? Puede llegar a amarillear. Además, las fibras elásticas con el calor y el sol se deterioran y se rompen. Ya hemos hablado en este blog sobre cómo afecta la exposición solar en la piel y cómo la radiación modifica la elastina y el colágeno. Aquí sí tenemos cierta capacidad de maniobra mediante la fotoprotección y la fotoevitación.

Pero hoy hablamos de otros factores externos que pueden afectar a nuestra piel. Se trata del alcohol y el tabaco. Piensa que son sustancias tóxicas. Así que ¿qué pasaría si metiésemos nuestra camiseta en lejía o la pusiésemos junto a una chimenea expuesta al humo?

Tabaco

El tabaco es la primera causa de muerte mundial (se dice pronto). Además de su estrecha relación con el cáncer y con las enfermedades cardiovasculares y respiratorias también va a afectar muy negativamente a la piel por varios motivos:

  • La nicotina presente en el tabaco aumenta los niveles de vasopresina, una hormona que estimula la contracción de las fibras musculares y aumenta la presión sanguínea.
  • La nicotina también aumenta la disminución de estrógenos, que intervienen en la formación de elastina y colágeno.
  • El monóxido de carbono que se origina en la combustión es un “ladrón de oxígeno”. Si los tejidos no están bien irrigados, no pueden nutrirse adecuadamente. La piel adquiere un tono amarillento o grisáceo.
  • El tabaco provoca una disminución de vitamina A y vitamina C. Además de su función antioxidante, la vitamina C es necesaria para la formación de colágeno. Por este motivo, se recomienda en los fumadores (además de que abandonen el hábito, por supuesto) que aumenten su consumo de vitamina C para poder hacer frente al “gasto adicional” que sufren.

Todo ello resulta en la aparición de arrugas marcadas, sequedad y un tono apagado en la piel. ¡Y no sólo se observan los efectos en el rostro! Si os habéis fijado en los dedos de los fumadores, adquieren un tono amarillento poco favorecedor.

Otro de los efectos negativos que podemos sumar a la lista es el retraso en la cicatrización que sufren las personas fumadoras.

Alcohol

El tabaco es uno de los factores negativos para nuestra piel pero su compañero de fiesta, el alcohol, no se queda atrás. Así como el tabaco se asocia especialmente a efectos negativos en la función pulmonar, todos sabemos que el alcohol resulta especialmente dañino para otro órgano: el hígado.

Si tenemos en cuenta que el hígado es el órgano encargado de llevar a cabo la depuración, pensar en una sustancia que contribuye a tener sustancias tóxicas pululando por nuestro cuerpo y llegando hasta nuestra piel no parece muy buena idea.

Otros efectos del alcohol son:

  • Vasodilatación: Con la vasodilatación se pueden llegar a romper los capilares finitos especialmente en el rostro (mejillas, nariz).
  • Deshidratación: El alcohol inhibe la hormona antidiurética provocando las ganas de orinar y la pérdida constante de líquidos. La piel seca es más propensa a la aparición de arrugas.
  • Al igual que el tabaco, con el alcohol se origina una disminución de los niveles de vitamina A dando lugar a sequedad y descamación.
  • Otros posibles efectos son la aparición de acné, rosácea o psoriasis.
  • En muchas ocasiones el alcohol se consume junto con refrescos azucarados. Recordemos que el exceso de azúcar provoca el envejecimiento prematuro de la piel mediante el fenómeno de glicación.

Además, tanto el alcohol como el tabaco son dos sustancias que alteran la calidad del sueño lo cual repercute en un peor descanso. Es decir, son en gran medida culpables de esas ojeras de oso panda que tanto nos disgustan.

Siempre hemos tenido muchas razones de peso para evitar el alcohol y el tabaco, pero hoy hemos visto que sus efectos no solo son devastadores por dentro, sino también por fuera. ¿Realmente merece la pena? ¿Te animas a vivir sin ellos?

Marián García

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