CÓMO CONSEGUIR NO PICAR

Si entendemos picar por picotear entre comidas, aquello que no nos conviene como son los snacks, alimentos cargados de azúcar, refrescos o lo que se dejan los niños de la cena; entonces la conducta de picar tiene dos riesgos. El primero, comer calorías que te sobran y, sobre todo, alimentos que no son saludables para tu cuerpo. El segundo, el bucle. Cuando picas, te sientes mal. Si te sientes mal, te reprochas. Si te reprochas y te criticas, sufres. Si sufres, te sientes incapaz. Si te sientes incapaz, baja tu autoestima y sube tu ansiedad. Y entonces, vuelves a picar hasta que tocas fondo. Picar no suele ser, generalmente, una conducta aislada que se olvida. Suele ser el inicio del descontrol.

Picar obedece a un impulso. Las personas y los animales respondemos a los impulsos mediados por el deseo y el placer. Hasta aquí, genial. El problema es que, muchos de nuestros deseos e impulsos, tienen una serie de consecuencias a largo plazo que no nos convienen en absoluto. No medimos las consecuencias. El placer inmediato, ya sea el hambre, calmar la ansiedad, el gustazo del chocolate derritiéndose en tu boca es muy apetecible. En ese momento ya no somos capaces de pensar más allá.

El plan perfecto para no picar pasa por saber controlar el impulso hacia la comida. Parece imposible pero no lo es. ¡Vamos al lío!

1. Aprende la diferencia entre reaccionar y responder

Reaccionar es obedecer al impulso, es no pensar, es no darte tiempo a explorar qué sientes. Reaccionar es una conducta más animal, mientras que responder significa elegir qué respuesta quieres dar. Cuando reaccionas sueles sentirte culpable por no tener capacidad de parar. Pero responder supone darte un tiempo, explorar, entender la emoción y el deseo. Una vez pasado ese tiempo, decide si te comes los cuatro macarrones que han sobrado de la cena o si los tiras a la basura. Solo la idea de plantearte “¿reacciono o respondo?” hará que muchas veces te frenes y decidas la línea correcta de actuación.

2. La regla de los 5 minutos

El impulso y el deseo se comportan como las olas. La mayoría de esos deseos a los que reaccionamos surgen de forma espontánea “madre mía, me comería ahora mismo una galleta, qué ganas tengo”. Sentimos una necesidad imperiosa del dulce, nos abruma el deseo y pensamos que si no respondemos comiendo no seremos capaces de estar tranquilos y que, comiendo, se nos pasará. Y así es. Se te pasa… pero solo unos minutos. Al ratillo te está llamando la siguiente galleta y así hasta que te acabas el paquete completo.

Hasta ahora seguro que no has probado a experimentar que, si esperas cinco minutos, el deseo hacia la comida, sube, sube, sube… Y, de repente, empieza a bajar, como una ola. Alcanza su punta y luego, decrece. Pero, como siempre, sacias el deseo antes de que decrezca. No has experimentado que, de forma natural, muchas de las veces desaparece. Así que dale ese espacio de cinco minutos.

3. No prohíbas, solo retrasa

Todo lo prohibido se vuelve mucho más atractivo y despierta un deseo mayor. Cada vez que te dices “no puedo picar, no puedo saltarme la dieta” terminas por convertirlo en tu foco de atención. Si, en cambio, en lugar de prohibirte y exigirte no hacerlo, dejas la puerta abierta y te comportas con más permisividad; seguramente que el deseo disminuye. Puedes decirte algo así como “tengo unas ganas tremendas de picar esa tortilla o de comprarme una bolsa de patatas fritas, si dentro de un rato sigo teniendo la misma apetencia, me lo compraré”.

4. Reconoce la emoción, acéptala y decide tu línea de conducta

Una cosa es lo que sientes, otra cosa es obedecer lo que sientes. En situaciones parecidas te has visto muchas veces. Desearías ver un poco más tu serie pero sabes que tienes que levantarte mañana temprano; desearías no desmaquillarte pero sabes que te conviene hacerlo por cuidar tu piel; desearías una copa de vino más pero tienes que conducir; desearías mandar a paseo a tu jefe cuando se pone repelente pero te jugarías el puesto de trabajo; etc. Con muchos deseos somos capaces de elegir el camino correcto. Con la comida también. Basta con reconocer lo que sientes “siento muchísimas ganas de comer galletas, pero elijo, por ahora, hacerme un té y leer un rato”. Verbalizar en voz alta contigo misma y reconocer lo que sientes te ayudará a aceptarlo y canalizarlo mejor.

5. Recuerda también llevar siempre un tentempié en el bolso que sea saludable:

un puñado de frutos secos, un plátano, alguna barrita. Cuando te entra el hambre atroz y te ves sin recursos, es difícil que en las máquinas de vending encuentres una solución saludable.

Y no olvides nunca la autocompasión. Si por el motivo que sea vuelves a picotear, no te enfades, no te alarmes, no te critiques, no te trates mal. Solo déjalo pasar, anímate y vuelve a la carga con tu objetivo de cuidarte y comer de forma saludable.

 

Patricia Ramírez

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