Pensar para sumar

En la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, hasta que la muerte os separe. Tranquilo, no te estás casando con nadie, solo con tus pensamientos. Lo quieras o no lo quieras, van a acompañarte toda tu vida, aun cuando duermes. Así que, dado que estamos obligados a entendernos, tratemos de poner unas reglas muy sencillas. De esta manera, en lugar de tener amigos en forma de ideas, tendremos aliados que nos ayuden a vivir una vida más sencilla y fácil. 

Los pensamientos están presentes en todos los planes de cambio de hábitos, sobre todo cuando nos planteamos perder peso y comer de forma saludable. De hecho, cada objetivo que te marcas, cada paso que te acerca a él, cada éxito que consigues, todo, viene precedido de una cadena de pensamientos que nos preparan para conseguirlo… O para boicotearnos. La mente es poderosa, mucho más que tu fuerza de voluntad, tu paciencia o tu perseverancia. Ellas, las tres, dependen de cómo piensas.

Los pensamientos, tristes, emotivos, alegres, motivantes, catastrofistas, positivos, dudosos, valientes; son fruto de nuestra elaboración. No tenemos un solo pensamiento que no podamos elegir. Es decir, cuando somos positivos o negativos, es fruto de nuestro estilo cognitivo. Este se ha ido forjando en base al aprendizaje, no es genético. Y esto es una buena noticia, significa que es moldeable y modificable, y para ello nos podemos entrenar. ¿No te encantaría enfrentarte a tu reto con ganas, esperanza, confiando en ti, creyendo que serás capaz y anticipando un final exitoso? ¿No convertiría esto el objetivo en algo más sencillo? Pues vayamos al lío.

Tienes que saber que los pensamientos los eliges tú.

A partir de ahora tendremos que tomar consciencia de cuáles son las elecciones que tienes en este momento. ¿Cómo te enfrentas a tus objetivos, qué te dices? Obsérvate durante unos días y anota todo lo que te limita. “No seré capaz, no soy constante”, “me puede la comida, no tengo voluntad”, “tengo tanta ansiedad que termino por perder los papeles y no controlo los impulsos”, “no lo quiero volver a intentar, solo tendré otro fracaso”, “seré un gordo toda mi vida, llevo toda la vida a dieta y nunca he conseguido tener una regularidad con mis hábitos alimenticios”.

Este es el tipo de mensajes que se da una persona después de haber tenido varios fracasos. Se habla como si fuera un fracasado. Y no lo eres. Eres una persona que lo ha intentado y hasta ahora no lo ha conseguido, nada más. Tus fracasos no dicen nada de ti, salvo que hay un intento fallido.

La manera en cómo encares tu objetivo será determinante.

Dado que no estás acostumbrado a hablarte en términos útiles y positivos, empieza por anotar los pensamientos que van a sustituir a todos esos otros limitantes. “Puedo conseguirlo como lo han hecho muchas personas”, “solo tengo que elaborar un buen plan”, “puedo ser perseverante”, “solo tengo que ilusionarme con mi objetivo”, “y lo estupendo que estaré dentro de unos meses”, “y lo maravillosa que será mi vida cuando me sienta bien comiendo de forma saludable”.

“Sé que soy capaz y me lo voy a demostrar”.

Háblate con educación, respeto y compasión ante los errores.

Si eres duro contigo mismo, no querrás volver a experimentar una situación que te haga sentir miserable. Así que el error se analiza, se saca una solución y se olvida. Pero no te machaques. Hasta ahora ningún experimento ha demostrado que tratar de hacerte sentir culpable te lleve por el camino del éxito. Al revés.

Haz que el cambio sea fácil.

Si llevas toda la vida siendo poco indulgente contigo, no lo vas a conseguir de un día para otro. La mayoría de las veces se te olvidará y tirarás de hábitos negativos. Así que ponte post-it, notas, imágenes en el teléfono, frases que te motiven. Adorna tu casa y tu oficina con señales que te recuerden y te faciliten tu capacidad para elegir pensamientos positivos.

Sé tu amigo.

¿Cómo le hablas a tus amigos, familia, seres queridos cuando tratas de animarles al cambio? ¿Cómo los motivas cuando tratas de que se repongan de una caída? Estoy segura de que les das palabras de aliento, les ofreces soluciones y apoyo. ¿Acaso tú eres menos que ellos? ¿Acaso tú no mereces ese mismo respeto? Si a ellos les motiva el lenguaje positivo, ¿por qué crees que a ti te funciona más el palo que la zanahoria?

Aprender a hablar en positivo, en el idioma útil, nos ayuda a alcanzar las metas. No desaproveches esta herramienta, es de gran utilidad.

Patricia Ramírez

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