Dime cómo respiras y te diré…

Respirar. El caso es que lo hacemos unas treinta mil veces cada día y no nos detenemos a pensar que si dejamos de hacerlo unos segundos… ¡Se acabó!

Siempre digo que somos lo que comemos, lo que pensamos y lo que respiramos. Derrochamos ríos de tinta sobre lo que comemos y lo que pensamos, pero nadie habla mucho de respirar… ¿Por qué será? ¿Quizá porque el aire es gratis? ¿Quizá porque lo hacemos sin esfuerzo? Imaginaos si nos tuviéramos que esforzar en respirar… ¡Cómo nos cambiaría la vida! En China, empiezan a experimentarlo debido a los altos niveles de contaminación.

A menudo me retrotraigo a la sabiduría yógica para encontrar respuestas a cuestiones que me preocupan. Los yoguis argumentan que tenemos un número limitado de respiraciones que vienen codificadas en nuestro ADN cuando nacemos. Cuando se acaba la última, se acaba todo. No lo sé… Pero si fuera así, ¿no creéis que es necesario prestarle atención a este aspecto tan importante de la vida?

CONTROLAR LA RESPIRACIÓN

El caso es que, si nos adentramos en la biología, respirar es el único sistema autónomo del cuerpo que podemos controlar. Es decir, por un lado es automático y por otro, podemos influir en cómo respiramos a través de las técnicas de respiración consciente. Además, nuestra manera de respirar es un chivato de nuestro estado de ánimo y viceversa. Cuando estamos deprimidos, respiramos de una forma concreta y, si respiramos de otra, podemos dejar de estarlo. No es otra cosa que ciencia.

Existe un proverbio oriental que dice “la nariz para respirar, la boca para comer”  Siempre respiraremos por la nariz. Si lo haces por la boca es porque algo no va bien. La razón es que respirar por la nariz corrige el equilibrio en la sangre entre oxígeno y dióxido de carbono.

Dime cómo respiras y te diré cómo funcionas. Cuando respiras… ¿Hasta dónde baja la respiración? ¿Hasta el pecho? ¿O se queda incluso más arriba en la zona de hombros y garganta? Una respiración profunda debe llenarte los pulmones y expandir el abdomen, colócate las manos en las costillas inferiores, siéntelas y expándelas con cada inhalación, luego en la tripa y mira cómo se hincha y deshincha con la respiración. Eso es una respiración yógica completa. Es interesante además poner atención a la pausa que se crea entre la inhalación y la exhalación. Es la puerta a la serenidad y a la meditación.

SÉ CONSCIENTE DE CÓMO LO HACES

Una pista que me ha salvado más de una situación:  una exhalación profunda en momentos de estrés consigue alejar el drama, la ira y la ofuscación. Sin embargo, las respiraciones cortas, superficiales y rápidas atraen el estrés. Cuando exhalamos profundo se crea una distancia entre tú y lo que sea que te esté ocurriendo

¿A que no sabíais que el 70% de los residuos corporales son eliminados a través de los pulmones? El resto a través de la piel, la orina y las heces. Cuando se reduce la actividad de los pulmones debido a una mala respiración, las células reciben menos oxígeno, se reduce el flujo de sangre que lleva los residuos a los pulmones y a los riñones, nuestro sistema linfático que lucha contra los agentes externos, se debilita. Así es que recuerda poner conciencia en cómo respiras. Repite este mantra: inspirar me calma, expirando sonrío… Y sobre todo, trata de estar respirando al menos 10 minutos al aire libre, a ser posible en una calle lejos del tráfico. Todo tu sistema te lo agradecerá y, ¡se notará sensiblemente en tu piel! ¡Trabajando por dentro para que se note por fuera!

Rebeca J. Cirujano

 

Deja tu comentario