Trastorno dismórfico, ¿cómo evitar y tratar la dismorfofobia?

Trastorno dismórfico: cuando tu cerebro te engaña

Antes conocido como dismorfofobia, el trastorno dismórfico afecta a más personas de las que imaginas, incluidos muchos famosos. Vamos a ver qué es, cómo evitarlo y cuál es el mejor tratamiento.

Una adicción a las cirugías innecesarias, a mirarnos constantemente al espejo y a hacernos selfies que distorsionan nuestra imagen real, pueden ser el “chivato” que revele que, en realidad, sufrimos un trastorno mental conocido como TDC: trastorno dismórfico corporal.

Famosos como Uma Thurman, Renée Zellweger, Meg Ryan, Nicole Kidman, Donatella Versace, Courteney Cox, Rania de Jordania, Michael Jackson… La lista es larga y no hay día que no se sume alguno por su sorprendente cambio físico.

Puede que su obsesión por las cirugías y los retoques médico estéticos sea casual y fruto de la presión social por parecer perfectos, o que se trate de algo mucho más grave como el trastorno dismórfico corporal. Pero, ¿en qué consiste este trastorno?

¿Qué es el trastorno dismórfico corporal?

Tranquilo, aunque te suene a chino, vamos a darte una explicación sencilla que todos podamos entender.

Para empezar, te diremos que antes se le conocía como dismorfofobia y que es una enfermedad mental que fue descrita por primera vez en 1891 y reconocida oficialmente como trastorno psiquiátrico en 1987.

En la actualidad afecta a un 1% de la población, pero no es un dato del todo real. Según Pedro Arquero, cirujano plástico, “afecta a muchas más personas de las que llegan hasta nosotros, porque no es fácil diagnosticarlo. La vergüenza y la incomodidad que sienten estas personas con su apariencia física hace que muchas veces no acudan a los profesionales. Y cuando lo hacen, tenemos que estar muy alertas para detectarlo”.

El trastorno dismórfico corporal, antes dismorfofobia, es una distorsión de su imagen corporal. Clic para tuitear

De hecho, “es una alteración de la percepción de la imagen corporal”, define el doctor Arquero. Podríamos pensar que entonces no es para tanto, ya que a casi todos no nos entusiasma demasiado algún detalle de nuestro cuerpo y, si pudiéramos, lo cambiaríamos.

Pues sí, sí es para tanto: detrás del trastorno dismórfico corporal suele haber siempre un problema de base. Se trata de personas que han sufrido mucho y tienen algún tipo de trauma adquirido en la infancia. Desde pequeños construimos la idea que tenemos de nosotros mismos en base a cómo nos ven los demás.

Las personas que sufren de trastorno dismórfico, por lo general, han sufrido mucho en la infancia, se han criado en una familia muy autocrítica, que ha sido particularmente censuradora con ellos. Se han sentido juzgados o han sido objeto de bullying o burlas en el colegio por algún aspecto de su cuerpo.

La dismorfofobia está presente sobre todo en personas con traumas infantiles. Clic para tuitear

Incluso pueden haber sido víctimas de abusos sexuales, maltrato o negligencia por parte de sus padres. En definitiva, son personas que siguen sufriendo y vuelcan toda su frustración en algún “defecto” físico, que puede ser real o imaginario.

Este es otro punto curioso: puede, o no, haber un defecto real.

En algunos casos existe un mínimo defecto real, que puede pasar totalmente desapercibido para los demás o que otros ven como algo sin importancia. Y, en ocasiones, sí que hay una “imperfección” de base que acompleja mucho.

¿Quiénes sufren el trastorno dismórfico corporal?

Aunque se da por igual en mujeres y en hombres, estos serían más complicados de tratar, según el Dr. Arquero.

Los hombres son más obsesivo-compulsivos y esto añade un peligro extra a la hora de aplicar un tratamiento. Si a eso se le suma que los hombres son más difíciles de curar en general, queda claro que este trastorno es muy intenso en el público masculino.

La obsesión de los hombres se centra en tener una constitución lo suficientemente fuerte, algo que se empeñan en conseguir a golpe de ejercicio extenuante o de cirugías innecesarias. Hombres aparte.

La intensidad del trastorno dismórfico se reduce en mujeres. Los expertos coinciden en que, en ambos sexos, es un trastorno que aparece en la adolescencia, a partir de los 12 o 13 años. Si no se corrige a tiempo, puede dilatarse en el tiempo hasta los 20 años e, incluso, volverse crónico.

Los primeros síntomas del trastorno dismórfico aparecen en la adolescencia. Clic para tuitear

¿Por qué aparecería un trastorno así en la adolescencia? Porque los desajustes hormonales y los cambios corporales tienen lugar en la adolescencia. Se cambia la voz, sale el vello, el acné, se produce un mayor desarrollo de las mandíbulas, las mamas, los muslos, las cartucheras…

Y con estos cambios, llegan los complejos, especialmente si en nuestra casa no han dejado de recordarnos nuestros defectos.

En lo que respecta a su personalidad, suele tratarse de personas inteligentes, dominantes, obsesivas, perfeccionistas, con baja autoestima, muy sensibles al rechazo, con mucha necesidad de ser aprobados y admirados por los demás, y que se comparan constantemente con otros.

Se cree que incluso podrían llegar a tratar de dominar a sus padres con agresividad. ¡Ojo! Porque en un 5% de los casos puede persistir en la edad adulta.

¿Qué es lo que más preocupa a los afectados?

Entre las personas víctimas de las dismorfofobia hay puntos en común sobre qué partes de su cuerpo les preocupa. Aunque lo primero que se nos viene a la mente es la cara, las estadísticas demuestran otra realidad:

  • La piel es lo que quita el sueño a un 73%,
  • el cabello a un 56%,
  • el peso a un 55%,
  • la nariz a un 37%,
  • los dedos de los pies a un 36%,
  • el abdomen y el pecho a un 22%,
  • los ojos y los muslos a un 20%,
  • las piernas en general a un 18%,
  • los genitales a un 8% y
  • los músculos faciales a un 1%.

Estas personas tienden a tener una obsesión compulsiva por su cuerpo, enfocando hasta los poros de la piel cuando se miran, lo cual hacen continuamente durante decenas de veces al día. Un milímetro de asimetría puede enloquecerlos.

Quienes sufren trastorno dismórfico creen que si consiguen un cuerpo ‘estándar’ serán aceptados. Clic para tuitear

La mayoría de las veces se operan lo que les acompleja, pero al final surge otra “distorsión” en otra parte de su cuerpo y es posible que haya que volver a operarles.

Nunca están satisfechos y siempre quieren sentirse cómplices y partícipes de todo el proceso quirúrgico, como si buscaran atribuirse el mérito para sentirse mejor.

¿Cómo afecta el trastorno dismórfico?

Al tratarse de un trastorno muy limitante, quienes lo sufren se “esconden” tras peinados, maquillajes y ropas imposibles, acaban por aislarse, dejan de relacionarse con familiares y amigos, son más vulnerables a la ansiedad, la tristeza, la angustia, el pánico, la fobia y la depresión.

Dejan de hacer su vida normal, evitan situaciones sociales, tienden a aislarse, dejan de ir al colegio, al trabajo, de quedar con los amigos. Y en los casos más extremos, pueden incluso llegar a arrancarse el pelo, la piel, a entrar en un círculo vicioso de cirugías innecesarias, a caer en un trastorno de la alimentación, en la práctica de ejercicio físico de forma extrema, en el abuso de sustancias (drogas y/o alcohol) o en un intento de suicidio. ¡Madre mía!

En el trastorno dismórfico el problema no es el defecto físico sino el trastorno mental que hay de fondo, y eso es lo que realmente hay que tratar. Clic para tuitear

El cirujano Arquero asegura que la cirugía no es la solución. Puede que un retoque les proporcione cierta satisfacción temporal, pero son personas que nunca van a estar satisfechas. El problema no es el defecto físico sino el trastorno mental que hay de fondo, y eso es lo que realmente hay que tratar.

Trastorno dismórfico, ¿cómo evitar y tratar la dismorfofobia?

¿Cómo evitar el trastorno dismórfico?

Aunque es cierto que en este trastorno hay un trasfondo y un sufrimiento real vivido en la infancia, los expertos no se cansan de denunciar la obsesión actual que tenemos todos por la imagen.

Y en esto están contribuyendo negativamente la moda de los selfies y unos cánones de belleza conseguidos a golpe de bisturí al más puro estilo Kardashian, imposibles de cumplir.

Las máquinas fotográficas que llevamos en el teléfono son un peligro. Distorsionan la realidad y todos los jóvenes se ven deformados y feos. Eso no es real, pero se lo terminan creyendo.

Un dato: 7 de cada 10 menores de 35 años ya admiten estar demasiado pendientes de su físico por culpa de Instagram. Y según los cirujanos plásticos, las intervenciones de cirugía plástica y los procedimientos de medicina estética habrían aumentado un 20% por este motivo.

El perfil de los que se animan a pasar por algún retoque es el de jóvenes de ambos sexos especializados en belleza y moda, de los cuales al menos el 60% son mujeres.

Estas a menudo tienen una imagen distorsionada, porque están acostumbradas a verse en modo selfiey la auto-foto deforma la imagen y agranda ópticamente zonas prominentes como la nariz, la papada o las orejas.

También tiende a exagerar los rasgos que nos favorecen menos, como las arrugas marcadas, los párpados caídos, las bolsas, las ojeras, los pómulos vacíos o los labios pequeños.

¡Consejo!: Huye del narcisismo obsesivo que se está imponiendo en las redes sociales. Y acéptate tal y como eres, con tus virtudes y tus defectos.

Si todos ponemos de nuestra parte, haciendo caso omiso a los cánones irreales de belleza, podemos frenar el trastorno dismórfico. Clic para tuitear

Hay que “bajar” a la gente a la realidad y desmontar los ideales de belleza, imposibles y obsesivos, que tienen. Recuerda que muchas veces un tacón, un pintalabios rojo o un buen corte de pelo pueden hacer mucho más por ti que un selfie, sobre todo porque en estos la imagen está totalmente distorsionada.

No debemos olvidar los colegios, que deberían tomar cartas en el asunto y realizar talleres antibullying y de integración, incluso ofrecer formación a las familias para reducir las críticas y las exigencias en casa al criar a nuestros hijos.

¿Cómo actuar frente a este trastorno?

Los expertos advierten sobre la necesidad de un diagnóstico temprano. Cuanto antes mejor, porque de lo contrario estas personas van cavando su propia fosa.

Los cirujanos son responsables de detectar la irrealidad e invención de sus quejas, y no deben dar la perspectiva de que la cirugía les va a solucionar algo. No hay que operar así porque sí.

Arquero nos comenta: “Cuando yo detecto a una de estas personas en mi consulta, lo anoto en su historia clínica, le derivo al psicólogo y hasta que no viene con un informe de que está estabilizado mentalmente no le opero, suponiendo que sea necesario”.

Y, según la psiquiatra Raquel Fernández, “hay que poder contestar a la pregunta ‘¿qué esperas de tu cirugía estética?’. Cambiar el plano físico y estético nos ayuda a sentirnos mejor, pero nunca debemos supeditar estar bien a un cambio físico; debe ser una ayuda, no una obligación”.

Es necesario que estas personas acudan a un psicólogo pues es el profesional indicado para trabajar las historias de trauma que le ha generado el sufrimiento que lo lleva a querer cambiar la imagen distorsionada que tiene de sí mismo.

Un psicólogo también lo puede ayudar a trabajar sus relaciones sociales y familiares, y a que pueda ver y explotar otras virtudes y aptitudes que tenga de sí mismo.

Antes de permitir que una persona con trastorno dismórfico ‘arregle’ su físico, debe solucionar su problema mental. Clic para tuitear

¿Cuál es el mejor tratamiento para el trastorno dismórfico?

El trastorno dismórfico no es algo que tomar a la ligera. No se puede mirar para otro lado. No va a mejorar por sí mismo, ni se cura de la noche a la mañana, pues suele requerir un tratamiento farmacológico y psicológico largo y en ocasiones, es necesario un seguimiento continuo.

Si no se ataja, puede empeorar con el tiempo. Efectivamente, hay que plantarle cara con terapia psicológica y, en algunos casos, puede ser necesario el uso de medicación.

En principio, las técnicas de terapia cognitivo conductual son suficientes. Pero cuando el nivel de sufrimiento es muy elevado, es necesario utilizar fármacos antidepresivos y/o ansiolíticos para tratar síntomas como la ansiedad, el nerviosismo, la tristeza, la inquietud o las crisis de pánico.

Además, los fármacos pueden ayudar, en ocasiones, a facilitar el trabajo de los psicólogos, permitiendo ir más rápido y trabajar mejor a nivel terapéutico.

La terapia en sí consiste en modificar los hábitos y las conductas evitativas (no querer ir al colegio, al trabajo, o quedar con los amigos…). También se emplean técnicas de exposición, en las que, poco a poco, se expone al paciente a la situación que le genera tanta ansiedad: reunión social, comida familiar, mirarse al espejo…

Otra forma es trabajar sobre la historia de trauma que ha podido vivir. Tratar de que su pasado no le pase factura en su presente ni en su futuro. Si esto puede hacerse junto con su familia, mejor.

Siempre que la familia esté dispuesta, lo mejor es trabajar con todos, así se les ayuda en conjunto y se ahonda en el trasfondo del problema, ya que estas personas han vivido normalmente en un entorno muy crítico y exigente. Al mismo tiempo se refuerza la autoestima, la imagen corporal, la autopercepción y la aceptación de sí mismo.

No hay duda de que el trastorno dismórfico corporal es un mal común que se debe tratar cuanto antes.

Por supuesto que, como dijimos al principio, no debemos confundir esta enfermedad con nuestros complejillos, que todos los tenemos.

Para la mayoría de estos, un poco de ejercicio y una dieta saludable suele ser suficiente. Para ayudarte con esto, tenemos a tu disposición nuestro servicio gratuito de nutrición online donde estaremos encantados de ayudarte.

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