¡Un brindis por cada error, por favor!

Imagina a continuación esta conversación entre dos amigas. Una le ha contado a la otra que comió algo que no debía comer y su amiga le responde:

“¿No me digas que fallaste? Vamos, no me lo puedo creer, pero ¿cómo va a ser eso? Imposible, mujer, nadie falla, nadie comete errores. Debes venir de otro planeta. Es que tal cual me lo cuentas, me dejas con los ojos como platos. ¿Qué te has salido de la dieta? Vamos, yo no lo intentaba más. No estás preparada para esto. Gorda, que eres una gorda. Vas a tener razón, te falta mucha fuerza de voluntad y toda la perseverancia del mundo. Definitivamente, no estás lista. Abandona.”

Ridículo, es un discurso completamente ridículo, ¿verdad? Te quedarías atónita si alguna amiga tuya reaccionara así ante un error tuyo, fuera del tipo que fuere. ¿Por qué? Porque a la gente a la que respetamos y queremos tratamos de animarla, de hacerla sentir bien y de potenciar su seguridad y autoestima. Y tiene que ser de esta manera, porque así generamos un estado emocional sereno en el que la persona se ve capaz de emprender otra vez sus retos.

Cuando se trata de animar a otros, lo sabemos hacer genial. Pero, consejos vendo que para mí no tengo, como dice el refrán. Cuando se trata de animarte tú ante los fallos, ahí te conviertes en una persona dura, sin empatía contigo misma e inflexible. No te gusta fallar y no te gusta perder. No solo no te gusta, es más, no lo soportas. Equivocadamente, sacas conclusiones de tus errores que juzgan tu persona: impaciente, impulsiva, perezosa, vaga, inútil, torpe.

Estas son las lindezas que automáticamente te dices cada vez que cometes un error. Por supuesto, hablarte así te lleva a sentirte fatal, a tener tristeza y ansiedad y afecta a tu autoestima. En este contexto, ¿quién desea volver a intentarlo si cabe la posibilidad e volver a fallar y de sentirte igual de miserable? Nadie. Así que lo que sueles hacer es tirar la toalla. Total, para qué, si no soy capaz de cumplir con lo pactado.

Serías mucho más feliz, capaz, segura y conseguirías más tus retos si supieras aceptar tus errores como parte de la vida, parte del proceso, parte del logro. Y aunque tú quieras ser perfecta, lo siento, no lo eres. Por eso tendrás que fallar y aprender a gestionarlo. O quedarte toda la vida donde estás, que eso de por sí ya es un error cuando tu idea es conseguir comer de forma saludable.

Para gestionar el error, vamos con la recetita:

1. Entiende el error como un hecho puntual en lugar de verlo como algo permanente

Aciertas más que fallas. Así que no lo estigmatices. Sueles conseguir comer de forma saludable más días que los que no lo consigues. Y aun así, te machacas por los días puntuales.

2. Asume el error como parte de tu objetivo

Tu objetivo no es comer todos y cada uno de los días de forma sana. Sería tremendamente aburrido. Tu objetivo es comer de forma saludable como estilo de vida, incluidos los días en los que, por el motivo que sea, no lo consigues. No fallas al objetivo, solo te sales alguna vez del camino.

3. Desdramatiza el error

No es para tanto, como no lo es cuando lo comete una amiga. Si te fustigas y te tratas mal, cogerás miedo a cometer errores, no querrás seguir intentándolo y entonces sí que abandonarás tu meta. Pero no habrá sido por culpa del error, sino por el miedo a cometer otros errores que te hacen sentir mal.

4. Sé compasiva, amable y cariñosa contigo

Sin más reproches, sin más críticas. Solo aceptación. Cuantas más vueltas le das a algo, más presencia tiene en tu mente. Si le das vueltas a los fracasos, si das vueltas a los equívocos, pones más atención en lo que no deseas que suceda…y entonces, sucede.

5. Pon en marcha tu creatividad y busca soluciones

Empieza expresando algo así como “ostras, qué buena oportunidad para encontrar soluciones a esto que me ocurrió ayer. La próxima vez que salga a comer fuera de casa y me siente a la mesa, le diré al camarero que no me ponga pan antes de que lo traiga. Ya he aprendido que si me lo pone en la mesa sin renunciar a él, luego me cuesta la vida no darle un pellizco. Un pellizco me lleva a todo el bollo”.

6. No permitas que el pasado te condicione

Si de un error, o de varios, sacas etiquetas que te identifican como alguien incapaz de conseguir sus propósitos, esas etiquetas condicionarán el siguiente intento. “Sí puedo, soy capaz, soy constante, soy…”. Elabora una serie de etiquetas positivas que impiden que te descalifiques para la próxima.

Eres libre de elegir cómo te enfrentas al error y al fracaso. Si le tomas miedo, condicionará tu valentía. Impedirá que protagonices tus sueños y no por eso, te sentirás mejor.

Así que, ¡un brindes y una alegría para cada uno de nuestros errores! 

Patricia Ramírez

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