DÓNDE ENCONTRAR LA MOTIVACIÓN PERDIDA

En el fondo del mar, como ya podrás imaginar, como que no. La motivación es una de las variables más interesantes de la psicología. Porque si todos pudiéramos estar motivados con nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestros proyectos y con todo aquello por lo que nos esforzamos; la vida realmente sería mucho más fácil. Y es que la regla está clara: a mayor motivación, menos fuerza de voluntad.

Existen dos tipos de motivaciones, la interna y la externa. Puedes realizar una dieta para perder peso y meterte en una talla 38, motivación externa, o aprender a comer de forma saludable porque te hace sentir bien, porque crees firmemente en que lo que comes es importante para sentirte bien. La motivación interna dice que comes de forma saludable porque te gusta, porque es una fuente de satisfacción para ti. Sin más premio que el propio placer de hacerlo.

Sin lugar a duda, la interna está más relacionada con nuestra filosofía de vida, con aquello que elegimos para que sea estable en nuestras vidas y es capaz de mantenernos durante más tiempo cerca del objetivo. La motivación se relaciona con lo que cobra sentido para ti. La diferencia entre una y otra radica en el tipo de recompensa que obtenemos, interna o externa.

La palabra motivación proviene del latín motivus (movimiento) y el sufijo –ción (acción y efecto). Motivación es lo que nos pone en marcha, lo que inicia el movimiento. ¿Cómo puedes trabajar tu motivación?

 1. ¿Cuál es tu necesidad?

Es difícil implicarnos en algo que tenemos ya satisfecho. De hecho, anhelamos lo que no tenemos y deseamos. Y, una vez logrado, solemos perder esa motivación.

2. A ti, ¿qué te genera esa fuerza interior?

Tienes que encontrar tu por qué y tu para qué. No tengas miedo a que sea algo frívolo o algo que otros no entenderían. Solo tiene que motivarte e importarte a ti.

3. Fluye

¿Cómo podrías elaborar tus menús, tus comidas, tu momento especial para comer y poder disfrutar del proceso y no solo del resultado? La motivación interna, hacia una actividad unida a la facilidad para realizarlo, nos lleva al estado de fluir. Cuando somos capaces de fluir, incrementamos la concentración y el disfrute de esa actividad. Para fluir es necesario que desarrolles un respeto hacia la comida y hacia el propio acto de comer. No se trata de salir del paso con una ensalada cualquiera. Se trata de cocinar tranquila, elegir alimentos frescos y apetecibles, sentarte a gusto y comer despacio. Y si puedes acompañarlo de dos velas y música, mejor. Ya sé que me dirás que no hay tiempo para eso. Pero de todas maneras tienes que cocinar y comer, así que si vas a invertir el mismo tiempo, que sea a gusto.

4. Decide dónde pones la atención.

El foco de atención es parte de nuestras elecciones. ¿Te centras en el rollo que supone no comer comida insana, o lo pones en disfrutar otros alimentos, otras recetas, en las sensaciones que vas teniendo al sentirte mejor y más ligera? Si centras la atención en el lugar equivocado, tendrás resultados equivocados.

5. Olvida el pasado.

Mucha gente se tortura psicológicamente con lo que tenía que haber hecho hace cinco años “es que si hubiera empezado a comer bien cuando dejé de dar el pecho… otro gallo cantaría”. Lo pasado, pasado está. No puedes hacer nada por recuperarlo, pero sí puedes empezar ahora con tu cambio. Pensar en el pasado genera tristeza y baja autoestima, no ayudará para nada a tu motivación.

6. Recréate en cada cambio, en cada emoción.

Cada vez que alcanzamos parte del objetivo, en cada paso, hay emociones. Nos sentimos responsables, capaces, fuertes y poderosos. No dejes pasar estas emociones sin pena ni gloria, al revés, recréate en ellas. Habla en voz alta de lo bien y a gusto que te sientes. Trata de conectarte con tu emoción y reafirmarte en que esto es lo que deseas y cómo quieres sentirte.

Muchas veces, hacer ejercicio, supone un esfuerzo mayor. Pero la gente tira de la emoción final, de la ducha maravillosa de después y del placer interior que sientes al finalizar. Recordar esas emociones suele ser suficiente motivación para volver a correr al día siguiente.

Por último, la motivación también puede ser positiva o negativa. La negativa es la que nos mueve a evitar cosas que no deseamos. Por ejemplo, tengo que comer bien porque si no me terminará dando un infarto si sigo cogiendo peso y comiendo tanta grasa. Cuando pensamos en términos negativos, a nuestro cerebro le cuesta encontrar fuerza para seguir los objetivos. Es mejor definir desde la motivación positiva: cambio mi estilo de comer porque me hace sentir bien, porque disfruto de mi estado de salud, porque cambia mi humor y tengo más energía.

¡Que la motivación te acompañe!

Patricia Ramírez

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